La prevención de incendios forestales se ha convertido en una de las prioridades de las políticas europeas de sostenibilidad. El aumento de las temperaturas, las sequías prolongadas y el abandono de muchas zonas rurales han incrementado el riesgo de grandes incendios en numerosos países europeos, entre ellos España. La Unión Europea considera que la mejor forma de proteger los bosques no consiste únicamente en extinguir los incendios cuando se producen, sino en gestionar correctamente los montes durante todo el año para reducir el riesgo de que el fuego llegue a iniciarse o alcance grandes dimensiones.
La estrategia europea para proteger los bosques considera que la prevención es la mejor herramienta. La Estrategia Forestal de la Unión Europea para 2030 establece que los bosques deben gestionarse de forma sostenible para mantener su biodiversidad, capturar carbono, proteger el suelo, conservar el agua y reducir el riesgo de incendios. La Comisión Europea promueve una gestión forestal activa basada en el mantenimiento periódico de los montes, la eliminación del exceso de vegetación y la recuperación de los espacios forestales degradados.
La acumulación de combustible vegetal aumenta el riesgo de grandes incendios. Uno de los principales problemas identificados por las instituciones europeas es la acumulación de biomasa en los montes. Durante décadas muchas áreas forestales han experimentado un progresivo abandono debido al descenso de la actividad agrícola, ganadera y forestal. Como consecuencia, se acumulan ramas secas, matorral, hojas y árboles muertos que actúan como combustible cuando aparece un incendio. Cuanto mayor es esa acumulación, mayor es la intensidad del fuego y más difícil resulta controlarlo.
La gestión forestal sostenible incluye trabajos continuos durante todo el año. Las políticas europeas recomiendan que los montes sean objeto de una gestión permanente. Entre las actuaciones más habituales se encuentran el desbroce del matorral, la retirada de árboles enfermos o muertos, la poda de ramas bajas, el clareo de masas forestales demasiado densas, el mantenimiento de caminos forestales, la limpieza de cortafuegos y la eliminación controlada del exceso de biomasa. Estas actuaciones reducen la cantidad de combustible disponible y facilitan el trabajo de los equipos de extinción cuando se produce un incendio.
La recuperación de la actividad rural forma parte de la prevención. La Unión Europea considera que la despoblación rural también influye en el incremento del riesgo de incendios. La desaparición de agricultores, ganaderos y trabajadores forestales reduce el mantenimiento natural del territorio. El pastoreo extensivo, el aprovechamiento sostenible de la madera, la extracción de biomasa y otras actividades tradicionales contribuyen a mantener el monte más limpio y con menor carga de combustible. Por este motivo, numerosas políticas europeas fomentan el desarrollo económico de las zonas rurales como parte de la estrategia de prevención.
La biodiversidad mejora la resistencia de los bosques frente al fuego. Los bosques con una mayor diversidad de especies suelen ser más resistentes frente a enfermedades, plagas y condiciones climáticas extremas. Las políticas europeas promueven evitar grandes superficies ocupadas por una única especie cuando ello incrementa la vulnerabilidad del ecosistema. La combinación de distintas especies arbóreas y arbustivas puede reducir la propagación del fuego y favorecer una recuperación más rápida tras un incendio.
La adaptación al cambio climático obliga a replantear la gestión forestal. El cambio climático está modificando las condiciones en las que crecen los bosques europeos. Las olas de calor más frecuentes, la reducción de las precipitaciones y las sequías prolongadas aumentan la inflamabilidad de la vegetación. La Unión Europea impulsa la adaptación de los planes forestales a estas nuevas condiciones mediante la selección de especies mejor adaptadas, la restauración de ecosistemas degradados y una planificación que tenga en cuenta la evolución futura del clima.
La tecnología ayuda a detectar incendios antes de que se propaguen. Las políticas europeas también fomentan la utilización de nuevas tecnologías para mejorar la prevención. Entre ellas destacan las imágenes obtenidas por satélites, el uso de drones para la vigilancia forestal, sensores de temperatura y humedad, cámaras de detección temprana de humo, modelos meteorológicos y sistemas de inteligencia artificial capaces de identificar zonas con elevado riesgo de incendio. Estas herramientas permiten actuar con mayor rapidez y optimizar los recursos disponibles.
La biomasa forestal puede convertirse en un recurso energético sostenible. Una parte importante de la vegetación retirada durante las labores de mantenimiento puede destinarse a la producción de energía renovable mediante biomasa. De esta forma se consigue reducir el combustible existente en los montes y, al mismo tiempo, aprovechar ese material como fuente de energía. La Unión Europea impulsa este tipo de aprovechamientos siempre que se desarrollen bajo criterios de sostenibilidad y sin comprometer la conservación del ecosistema forestal.
La coordinación europea mejora la respuesta ante los grandes incendios. Aunque la gestión forestal corresponde principalmente a cada Estado miembro, la Unión Europea ha reforzado la cooperación mediante mecanismos como rescEU y el Mecanismo Europeo de Protección Civil. Estos instrumentos permiten compartir medios aéreos, equipos especializados y recursos técnicos cuando un incendio supera la capacidad de respuesta de un país. Además, facilitan el intercambio de información científica y de buenas prácticas en materia de prevención.
Casos de éxito europeos demuestran la eficacia de la gestión preventiva. Portugal ha desarrollado programas de gestión integrada del paisaje tras los graves incendios sufridos en 2017, combinando limpieza forestal, recuperación de actividades agrícolas y mejora de la planificación territorial. En Finlandia la gestión forestal continua, el aprovechamiento sostenible de la madera y la vigilancia permanente mantienen una de las tasas más bajas de grandes incendios de Europa. En Suecia se utilizan tratamientos selvícolas periódicos y una planificación forestal avanzada que contribuyen a reducir el riesgo de propagación del fuego incluso durante los veranos más secos.
La conclusión sobre el cuidado de los montes dentro de las políticas europeas de sostenibilidad es que la prevención constituye la herramienta más eficaz para reducir los incendios forestales. Mantener los montes limpios, favorecer una gestión forestal activa, recuperar la actividad económica en las zonas rurales, aprovechar de forma sostenible la biomasa, conservar la biodiversidad y utilizar nuevas tecnologías forman parte de una estrategia común que busca proteger los bosques frente a un riesgo creciente derivado del cambio climático. La sostenibilidad forestal no consiste únicamente en conservar los árboles, sino en gestionar el territorio de forma continua para que los ecosistemas permanezcan saludables, resilientes y capaces de prestar servicios ambientales a las generaciones futuras.